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Corte y Queda: "El Club de los Idealistas", un retrato generacional certero y profundo

Reseña. #NoTeLaPierdas Marcelo Tobar de Albornoz es uno de los directores más interesantes del panorama fílmico mexicano, y ahora nos entrega una excelente película para reflexionar.

Corte y Queda:

Foto: Cortesía

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Ocasionalmente el cine nos presenta películas que logran convertirse en un retrato de una generación, mostrar sus aciertos y desaciertos, sus sueños, sus fracasos, las ilusiones y pérdidas que enfrentan, haciéndole de una forma tan honesta que es imposible no ver reflejadas nuestras propias ideas y situaciones. El Club de los Idealistas, de Marcelo Tobar, es un retrato de la generación que en los años 90 iba a la universidad o la preparatoria, que ahora en sus cuarenta puede ver el rumbo que ha llevado su vida.

Un grupo de amigos regresa a unos terrenos que compraron cuando iban a la Universidad, para inaugurar la primera casa que se ha construido en ellos. Durante el encuentro recuerdan sus épocas estudiantiles, sus sueños, y deberán reconocer qué terreno están pisando en la actualidad.

Marcelo Tobar de Albornoz es uno de los directores más interesantes del panorama fílmico mexicano, desde su debut con la brutal Dos mil metros sobre el nivel del mar (2008), su aguda mirada sobre las relaciones humanas, sobre lo destructivo de las relaciones tóxicas, le ha llevado a crear un discurso cinematográfico que le ha hecho sobresalir, y ahora, tras Asteroide (2014) y Oso Polar (2017), nos presenta la que quizá sea su cinta más amable con los espectadores, El Club de los Idealistas la cual, sin olvidar los temas acostumbra tratar, lo hace desde la comedia, a través de la cual termina desarmando al espectador para dejarle al final, como sus otras cintas, adolorido del alma, pero ahora por otros motivos más conmovedores.

La cinta es antes que nada su guion, el cual realiza un retrato certero de una generación, la cual ha tenido que dejar el idealismo de las épocas de estudiantes por una realidad que agobia, que aplasta. La cinta es un constante encuentro entre la visión idealista del dueño de la casa contra el pragmatismo de sus amigos, todos han perdido un sueño y han sacrificado algo en el camino que les ha minado su capacidad de soñar. Un lujo que el dueño no ha dejado a pesar de sus circunstancias.

El Club de los Idealistas tiene uno de los repartos más increíbles de los últimos años, encabezados por Juan Pablo Medina, quien por una rara ocasión logra dejar la pesadez invade sus trabajos para crear un personaje multidimensional, un hombre que busca en sus amigos el apoyo para no derrumbarse, que centra su amor en su hijo, que lidia con una relación de pareja muy destructiva. Pero su importancia no tendría el peso que requiere sin el gran talento que le rodea, un Andrés Palacios que nos demuestra que puede actuar de verdad, Tomás Rojas que representa a la contraparte del titular, un ser pragmático que esconde un dolor interno que lo domina.

Pero son las mujeres quienes se roban cada momento que tienen en pantalla, desde una impresionante Yolanda Ventura, una mujer liberal que intenta sobrevivir a la realidad de su país; Tiaré Scanda, una adorable idealista que sigue en busca de la pareja ideal y que es incapaz de establecer relaciones más allá de la internet. Nailea Norvind como una mujer ha renunciado a todo por reencontrarse y Claudia Ramírez, la única que parece ha encontrado la fama como una psicóloga pro feminista que tiene su propio programa y es la guía de quienes la escuchan. Y claro, Daniela Schmidt, quien con escaso tiempo en pantalla proyecta una sombra que pesa en toda la cinta y que aprovecha cuando aparece para demostrar el gran rango actoral que tiene.

Es de destacar que todos los involucrados tienen su gran momento en pantalla en algún tramo del filme, donde brillan, donde muestran la gran calidad que tienen para transmitir emociones y hacer creíbles sus personajes.

El otro gran protagonista en la trama son las canciones, un cassette que les deja el único amigo ausente, se convierte en el gran compañero del encuentro, resaltando el uso de “Pobre de ti” y, sobre todo, “No huyas de mí”, la cual se introduce a la historia de una forma precisa, creando uno de esos momentos se volverán antológicos del cine mexicano, quizá el momento más alegre de toda la filmografía de Tobar y que no deja de ser catártico. Y el tema final, emotivo y brillante para el cierre.

Es importante destacar que, como suele pasar en el cine del director, la película es sobre las relaciones humanas, sobre lo destructivas pueden ser, pero ahora mostrándonos que no todo deber ser negro al final, que hay oportunidades. Y en esta ocasión las relaciones familiares siguen siendo importantes, realzando la fuerza del amor filial, la ausencia de alguno de los padres en la vida y cómo eso afecta a ambos lados, a los hijos, a quienes los engendraron.

El Club de los Idealistas es, al final de cuentas, una cinta sobre la amistad, sobre los sueños, sobre el saber que le importas a alguien, el avanzar en la vida. Es un trabajo para recordar que te motiva, qué te hace estar y sentirte vivo. Es una película que hace valga la pena regresar a las salas de cine a ver películas hechas en México, bien hechas, con un gran mensaje, emotivas y brillantes. Y no hay que olvidar, lo opuesto al idealismo no es la depresión sino el pragmatismo, la depresión no es el lugar a estar.

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