Opinión


Entre la ineptitud y la negligencia

Entre la ineptitud y la negligencia | La Crónica de Hoy

M. en C. LUISA MARÍA ALCALDE,

SECRETARIA DEL TRABAJO:

+Más que por la fuerza,

nos dominan por el engaño

Simón Bolívar

 

Supongamos, sin conceder, respetable maestra, que al trabajo de la Auditoría Superior de la Federación le faltó pulcritud al revisar la Cuenta Pública 2019. También supongamos que sus observaciones y recomendaciones sobre el programa Jóvenes Construyendo el Futuro no son del todo pertinentes. Entonces, ¿por qué la dependencia a su cargo no los corrigió en su momento y oportunidad?

No lo entiendo.

Con toda seguridad, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social recibió una notificación de la ASF para informarle que estaba incluida en el Programa Anual de Auditorías. En ese momento, tanto los responsables del programa Jóvenes como el Órgano de Control Interno debieron alistarse para salir airosos de la revisión.

Al parecer, no lo hicieron. Quizá no pudieron…

La ASF debió cumplir con el procedimiento estipulado por la Ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas de la Federación. Es decir, que cuando terminó su auditoría,  envió a la STyPS los resultados y observaciones preliminares.

A partir de ahí, sus colaboradores tuvieron diez días para presentar evidencias que satisficieran las observaciones; este plazo podía prolongarse otros siete días y eventualmente cinco más. Ya que la STyPS hubiera presentado sus “pruebas de descargo”,  la ASF hubiese decidido si las observaciones se eliminaban o no.

Repito: Al parecer, no lo hicieron. O no pudieron.

Solo entonces, la Auditoría Superior de la Federación presentó su Informe a la Cámara de Diputados. Es decir, la STyPS tuvo el tiempo y la oportunidad suficientes para eliminar observaciones desfavorables.

Es aquí que llegamos al meollo del asunto:

La Auditoría de Desempeño Financiero, hecha sobre el programa Jóvenes, no arroja datos graves. Usted misma lo señaló: “El volumen de las observaciones por aclarar en función del total de becarios, representan solo un 0.3 por ciento del total de quienes participan (…) y el 0.23 por ciento de los recursos del programa.”

Pero en la Auditoría de Desempeño es donde, como dicen en mi pueblo, la puerca tuerce el rabo…

Mire María Luisa, es encomiable impulsar a los jóvenes con pocas oportunidades; la idea es muy buena. Pero como todo lo que emana de la mente de nuestro presidente, es solo una idea sin cimientos.

Según la auditoría 373-DE, Jóvenes carece de metodología, planes específicos y procedimientos adecuados. No hay un análisis sobre las necesidades de capacitación que permitiera desarrollar el programa para incrementar la empleabilidad de los jóvenes y su inclusión en el mercado laboral. No tiene indicadores de éxito, ni metas. Los lineamientos de operación se cumplieron solo al 50 por ciento, con lo cual incumple la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. 

El programa es tan poco claro que el muy endeble objetivo presidencial de becar a dos millones de jóvenes tuvo que reducirse a la mitad. Ni siquiera fue capaz de concitar el interés de los jóvenes y entonces el pecado fue doble: ¡Se desperdiciaron 24 mil millones de pesos de nuestros impuestos!, como si nos sobraran los recursos.. Y lo que me parece peor, no se ayudó realmente a los jóvenes, solo se repartió dinero.

Usted dice que “el programa se basa en la buena fe”; no, María Luisa, eso no es suficiente. El gasto público debe basarse en la eficacia y la eficiencia para servir a la sociedad con ética y responsabilidad. Lo contrario es también una forma de corrupción.

Pero esté tranquila, María Luisa. Dudo que la bancada morenista en la Cámara de Diputados la llame a cuentas…

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