Metrópoli


"Sé quién mató a los perros, pero temo que me pase algo si denuncio"

Aún con el dolor de haber perdido a sus queridas mascotas, sus dueños se preguntan ¿por qué tenemos que vivir con miedo sólo porque alguien se cree con derecho a quitarle la vida de manera tan cobarde a otro ser vivo?

La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda(situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales”.

Milán Kundera

 

En el parque Cruz Azul, en la 2ª. Sección de la colonia Lomas Estrella, Iztapalapa, es común ver a todas horas, pero sobre todo por las mañanas y por las tardes, a muchas personas que llevan a pasear a sus mascotas.

Obviamente, a temprana hora es algo más apresurado, pues sólo los sacan a pasear para que hagan sus necesidades o a correr mientras acompañan a sus dueños. Pero por la tarde se llegan a juntar hasta 30 perritos con su respectivo humano. Hay grupos de Whatsapp de los que tienen perros grandes y otros que tienen perros pequeños y casi todos se conocen, aunque sea más por el nombre de la o las mascotas, que por el propio.

Así fue por más de 10 años.

La mañana del jueves 27 de agosto, como todos los días entre 7:30 y 8:30 horas La More, Mati, China y Lola salieron a pasear con su humano. Le daban la vuelta al parque y era habitual soltarlas para que corrieran un poco. Al llegar a la calle de Creta y Frigia, La More se alejó un poco y tomó algo de entre el pasto. Aunque le llamaron la atención era tarde, a los 5 minutos estaba convulsionando. Eran salchichas envenenadas partidas en cuatro.

De inmediato, sus humanos la llevaron a casa —otros vecinos les ayudaron con las otras perritas —para darle una mezcla de clara de huevo y tortilla quemada que un veterinario les había recomendado en caso de envenenamiento. Eso mientras lo contactaban para que atendiera de emergencia a La More. Pero el veterinario de la colonia no fue localizado. Por lo que corrieron con ella al Hospital de Perros Guía ubicado sobre Canal Nacional.

La More ya no llegó con vida a dicho hospital, pero sus humanos querían saber qué le había causado tanto daño. 

Con todo el dolor que les causó perder a La More, regresaron al Parque a recoger las salchichas envenenadas, pues no querían que otros perritos salieran dañados y empezaron a correr la voz de que tuvieran cuidado con sus mascotas. Muy tarde, desde las 6:00 horas, dos perritas tipo maltés y una criollita tipo labrador habían fallecido por la misma causa, cuyos dueños están pasando por el mismo dolor que los de More.

Eso lo supieron al leer los mensajes de WhatsApp que habían mandado al grupo desde que había pasado la primera tragedia y que, por ironías de la vida, no habían leído.

Con todo su dolor, culpa, rabia y frustración, los humanos de La More se dieron a la tarea de recabar pruebas para encontrar al responsable de tan alevoso acto, levantar una denuncia y castigarlo. Primero, ubicar casas con cámaras; segundo tratar de que les permitieran ver sus grabaciones para encontrar el momento exacto en que el criminal puso las salchichas con veneno en el parque. Todo esto en un contexto de poca empatía, pues la pregunta de siempre era: ¿Qué van a hacer?

No sin cierta reticencia, y tras mucha insistencia, les permitieron checar dos horas de grabaciones y ubicaron a un hombre alto y fornido que, alrededor de las 5:30 horas, lleva una bolsa amarilla con el alimento envenenado. A los pocos segundos se ve que pasa al lado del sujeto otra persona que lleva a un perro grande con su correa.

Esas personas obviamente identificaron al agresor; sin embargo, se niegan a acusar a alguien directamente, por temor a represalias.

Con esas pruebas y un gran desgaste emocional, los humanos de More se presentaron en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, en el área de Delitos Ambientales, en la colonia Doctores, en donde, para su sorpresa, encontraron al fin la empatía que necesitaban. Una abogada los atendió y les solicitó varios documentos: el relato de lo ocurrido, el certificado de defunción (que tuvieron que ir a pedir al “hospital”) y fotografías. “Tenemos buenos investigadores”, les dijo y les pidió paciencia y confianza.  

Su denuncia quedó asentada en la carpeta CI-FIDAMPU/a/UI-3C/D/249/109-2020 en el área de Delitos cometidos por actos de maltrato o crueldad en contra de animales no humanos.

A la fecha, los oficiales de investigación han ido a tomar fotos, a preguntar a los vecinos, se han comunicado con ellos, pero no se ve un gran avance. Las salchichas envenenadas siguen en el congelador, en espera de que se las soliciten para analizarlas y saber qué fue lo que mató a La More.

La More, esa perrita cruza de schnauzer con maltés que rescataron hace 10 años, justo en ese mismo parque, y que desde el primer momento les robó el corazón. La More, inteligente, líder de la manada, la que se llevaba bien hasta con Nina, la gata gruñona, con quien jugaba correteándose por toda la casa.

Y sus dueños, aún con el dolor de haber perdido a su querida mascota, se preguntan con impotencia y frustración: ¿por qué tenemos que vivir con miedo sólo porque alguien se cree con derecho a quitarle la vida de manera tan cobarde a otro ser vivo?

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