Opinión


La convocatoria de los libros de texto de Marx Arriaga, Miajil Bajtin y Viridiana

La convocatoria de los libros de texto de Marx Arriaga, Miajil Bajtin y Viridiana | La Crónica de Hoy

Demasiado ocurre en el reino de la Cuatroté y, digo reino, porque el presidente y su familia viven en un palacio virreinal y barroco, remodelado a través de los años. Supongo que se debe haber acondicionado una área ad hoc como vivienda para el licenciado López Obrador y su familia, pero esto, me imagino, se llevó a cabo bajo la austeridad “republicana”. Es como un oxímoron: un palacio novohispano alberga al forjador de un gasto frugal de un gobierno que invoca al presidente Benito Juárez, quien, como alguna vez dijo el escritor Rafael Pérez Gay, no se quitó la levita ni cuando cruzó sierras, planicies y el desierto.  Sobre todo consideremos el desierto. Era un hombre probo que sólo quiso perpetuarse en la presidencia, antes que Porfirio Díaz. Se lo impidió una angina de pecho la cual finalmente lo llevó a la tumba. Entonces no existían los libros de texto gratuitos, creados por un decreto del presidente de México Adolfo López Mateos (1958-1964). Corría el año 1959. Antes de eso los libros de texto se cobraban a lo largo y a lo ancho de la nación mexicana. Se había intentado regular el precio de los libros, pero los costos no sólo los imponían  las editoriales y las librerías, sino que también se debía considerar el costo del papel y la mano de obra en la producción. En 1954, además, el peso se devaluó y  de 8.65 pesos pasó a 12.50. Algunas editoriales mexicanas que se ocupaban de la elaboración de los libros de la Secretaria de Educación Pública para las primarias pertenecían a consorcios internacionales. Resulta curioso que, a pesar de que México y la España franquista no mantenían relaciones diplomáticas, la península española se convirtió en una de las principales proveedoras de libros de texto a principios de la década de los cincuenta. Horror de horres, digo yo como hija de exiliados españoles republicanos. La verdad es que el comercio entre la España de Francisco Franco y nuestro México nunca se interrumpió. Por otro lado, muchos refugiados españoles se dedicaron a la edición del libros. Rafael Giménez Siles, fundó EDIAPSA con el patrocinio del presidente López Mateos y del escritor Martín Luis Guzmán. Publicaba libros de gramática, aritmética, historia y geografía en la editorial Nuestro Pueblo. El republicano español Jiménez Siles y Daniel Cossío  Villegas se unieron para establecer la Asociación de Libreros y Editores Mexicanos. En este universo editorial es donde Adolfo López Mateos busco cómo insertar el libro de texto gratuito, pero en manos de editores mexicanos.  El secretario de Educación Pública del gobierno era  nada menos que Jaime Torres Bodet, ensayista, poeta y eminente diplomático. Para 1959, la SEP tenía que aprobar los contenidos de los títulos y López Mateos ordenó que se imprimieran 16 millones de ejemplares.

Se nombró una comisión para lograr este compromiso, presidida por don Martín Luis Guzmán, grandísimo escritor . Los exiliados dejaron de tener participación y quienes proveían de  conceptos para la realización final de los libros de texto eran mexicanos, por lo menos por nacimiento. En ese entonces, Editorial Novaro también participó y así se lanzaron los libros de texto gratuitos. A los editores exiliados no les hizo ninguna gracia, pero habían creado un escuela de la edición y los mexicanos lo hicieron muy bien. Existe una larga bibliografía que especifica a profundidad lo aquí expuesto a vuelo de pájaro. Con el tiempo han ocurrido muchos cambios en cuanto al enfoque pedagógico de los contenidos de estos libros, dependiendo de  las teorías y de la epistemología de la educación de cada etapa de la historia contemporánea.

Hoy, el doctor en filología Marx Arriaga, director general de Materiales Educativos de la SEP, ideó rehacer los libros gratuitos de texto, bajo una  noción ideológica, aunque dice que no es así, en la que  solicitó a los maestros normalistas, durante la inauguración de un curso de capacitación, que sean ellos los que provean la información y la escritura de los libros para escamotear al sistema capitalista (sic). Los animó diciéndoles que incluyan citas del Che Guevara. Se quejó de que haya voces conservadoras que están en contra de su convocatoria, misma en la que incluye a ilustradores a los que no se les pagará. Se les dará un certificado por haber participado en tan importante proyecto, eso sí, y se les entregará un ejemplar de los libros de texto. Recalcó, insisto, que no habrá adoctrinamiento ideológico. También especificó  que “para las vísceras conservadoras” el cambio en la propuesta de cómo escribir los libros molesta, en tanto que no intervendrán solo unos cuántos en la redacción de estos, como sucedía en el pasado. Dijo, según consta en el diario Reforma (6 de abril,2021), que el reto transformador de los libros de texto debe enfrentarse “en comunidad, de manera colegiada, horizontal, sin privilegios con el objeto de que todos tengan las mismas oportunidades para participar en este diálogo:” Agregó, a partir de sus conocimientos de Mijail Bajtin, extraordinario teórico literario y filósofo del lenguaje de la Unión Soviética (vigilado y censurado por aquel régimen), “que necesitamos una postura carnavalesca que someta a los discursos autoritarios”. Postura que es más que otra cosa una manifestación cultural de la Baja Edad Media y el Renacimiento en la que, antes de  la cuaresma, había carnavales que le daban la vuelta a los estratos sociales, eclesiásticos y académicos. Los estudiantes se disfrazaban de maestros, los siervos de reyes, los jóvenes curas de obispos. Y luego, como en la canción de Joan Manuel Serrat:

 

vuelve el pobre a sus pobreza

vuelve el rico a su riqueza

y el señor cura a sus misas


 

Es decir, que no trabajarán los expertos en la creación de los libros de la SEP . La convocatoria de Marx Arriaga, que suma a 2 mil 365 personas, “permitirá contribuir con un diálogo constructivo”, en donde no habrá “segregaciones, abusos o subordinaciones”.

Muy marxista (y con su toque bajtiniano), ojalá al doctor Marx Arriaga no se le haga bolas el engrudo. La semana pasada mandó a las feministas a leer a las bibliotecas. Esta vez opta por hacer a un lado a los versados y festejar el carnaval. Valdría la pena sugerirle a don Marx que vea  Viridiana de Luis Buñuel. Incluir a tantos no siempre resulta.

 

 

 

 

Comentarios:

Destacado:

COLUMNAS ANTERIORES


LO MÁS LEÍDO

+ -