Opinión


Línea 12: los presidenciables damnificados

Línea 12: los presidenciables damnificados | La Crónica de Hoy

M. en C. MARIO DELGADO

 

PRESIDENTE DE MORENA

 

La naturaleza siempre está en acción

y maldice la negligencia.

Goethe

 

 

Lamento muchísimo la pérdida de vidas por el desastre de la Línea 12 del Metro. Son de los “accidentes” que no debieran ocurrir. Nunca.

La Línea 12 nació con mala estrella, allá por 2008. Se inauguró en 2012, con 10 meses de retraso y un costo adicional de 9 mil 200 millones. La Auditoría Superior de la Federación hizo observaciones a la obra en sus revisiones de 2009, 2010 y 2011; encontró deficiencias de planeación, de impacto ambiental y quién sabe cuántas más. Por ese entonces, los auditorías tardaban mucho en hacerse públicas y el daño ya estaba hecho.

A los dos años de inaugurada, tuvo que cerrar 11 estaciones por “problemas técnicos de construcción”. En ese entonces, circularon toda clase de críticas: que el radio de las curvas era más pequeño de lo que un tren requiere para dar una vuelta, provocando desniveles en los vagones y desgaste excesivo en las ruedas; que el diseño de las ruedas no coincidía con los rieles, etc.

Próximamente sabremos de qué tamaño fueron el error y/o la negligencia en la construcción y en el mantenimiento de la Línea; en teoría conoceremos “la verdad” porque vendrá una agencia extranjera de expertos a analizar el caso.

Lo que los expertos no incluirán en sus reportes es el daño a dos políticos muy cercanos al presidente y, además, presidenciables.

Claudia Sheinbaum ha tenido una gestión aceptable al frente del Gobierno de la CDMX. Mujer inteligente  con las faldas bien puestas para enfrentar las necedades de AMLO durante la pandemia. Me parece una persona sensata que, ante la amenaza del COVID, se rodeó de buenos consejeros y supo tomar las decisiones adecuadas. ¿Qué tanto pesará la falta de mantenimiento dentro de las causas del accidente? ¿Estará dispuesta a cortar las cabezas necesarias?

También está el impacto del desastre sobre Marcelo Ebrard. Lo conocí cuando era Secretario de Gobierno en el entonces Gobierno del Distrito Federal; debió tener 35 años, no más, y ya se destacaba por su inteligencia y astucia política. La falta de personalidad mediática la ha suplido con su capacidad mental y verbal.

Después, Marcelo fue Jefe de Gobierno del DF y al terminar su gestión, se fue a vivir a París. Regresó por la puerta grande con la 4T. Desde la Secretaría de Relaciones Exteriores se convirtió en el bateador emergente de Andrés Manuel para toda clase de problemas: desde la Casa Blanca hasta las vacunas. Se dedicó a sacar bueyes de la barranca, uno tras otro.

Ebrard tal vez la libre si el dictamen de los expertos culpa a las constructoras; pero dichas empresas no están mancas y seguramente sacarán a relucir la falta de planeación y coordinación por parte de los funcionarios del GDF. Sería un pleito largo que a nadie conviene.

Otra rendija de salvación para Ebrard es que se responsabilice a Enrique Horcasitas, quien ya tiene un historial obscuro derivado de su gestión como director general del Proyecto Metro cuando se llevó a cabo la obra.

Lo que es seguro es que la oposición revisará a fondo los reportes de la Auditoría Superior de la Federación de aquellos años para repartir culpas y, eventualmente,  dar cuerpo a los rumores sobre la corrupción que rodeó a la construcción de la Línea 12.  Sólo como anécdota: Ayotzinapa también ocurrió a los dos años de la gestión de Enrique Peña Nieto. Un evento que él no provocó, acabó con su presidencia. Así pasa cuando sucede.

 

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